Viviendo con el enemigo

Pocas semanas después de ser el país con el mayor índice de mortalidad y decrecimiento económico del mundo, en estos últimos días la pandemia COVID-19 aparentemente nos está dando un breve respiro.

¿Esto que nos quiere decir? Muchas son las lecciones aprendidas. Pero en términos de nuestro sistema de salud, la más relevante es que nuestro sistema de protección social es muy frágil e injusto. La débil institucionalidad es un pasivo que tenemos que afrontar con urgencia estableciendo un punto de quiebre y una agenda común.

Cómo no reconocer el esfuerzo y sacrificio de los peruanos que se enfrentaron al virus en la primera línea de combate. Pero igual de importante es comprender que muchas muertes se pudieron evitar, como la del doctor Waymer Benites. Mientras la mayoría de los servicios de atención primaria no atendían, él siguió al frente de su centro de salud en el distrito limeño de San Juan de Lurigancho, siendo mayor de 60 años, y a pesar de no recibir equipos de bioseguridad para protegerse del coronavirus. El 8 de abril, el doctor Benites fue registrado como el primer médico peruano que murió por COVID-19.

Los efectos de esta pandemia en el sistema de salud son muy fuertes. Se aprecia una brusca caída en las coberturas sanitarias con una dramática reducción en las atenciones brindadas. La información de SuSalud de los últimos meses deja evidencia de esta realidad y pone en agenda el reto de resolver ese enorme volumen de necesidades acumuladas no resueltas, en su gran mayoría de pacientes con enfermedades crónicas.

 

Gráfico N.° 1 Total de atendidos en consulta ambulatoria (en miles)

Fuente: SuSalud (2020)

 

Gráfico N.° 2 Total de cirugías (en miles)

Fuente: SuSalud (2020)

 

Hemos pasado ya la primera ola en el Perú, pero, sin todavía haberse descubierto terapia ni vacuna efectivas contra el virus, ¿cómo deberíamos afrontar la potencial segunda ola de contagios?

Para empezar, si algo nos viene confirmando esta pandemia es la necesidad de construir confianza entre autoridades y científicos independientes. Esto incluye organizar y disponer de la mejor información posible para la correcta toma de decisiones.

Los recursos disponibles para seguir enfrentando la pandemia deben transparentarse lo máximo posible mientras el Estado se enfoca más en el cierre de la brecha de servicios y no en la de infraestructura, que no siempre termina siendo útil. Si bien debe seguir incrementándose la oferta, se deben emplear nuevas formas de contratación.

Cuando se aprueban las vacunas contra la COVID-19, el enorme reto será logístico y de análisis de datos para determinar un cronograma de vacunación eficiente.

Hoy tenemos el enemigo entre nosotros. Pero depende de qué tan bien gestionemos nuestros recursos hacer que pronto sea cosa del pasado.