Una mirada a quienes no se conectaron a internet en el Perú durante la pandemia

El año 2020 quedará en la historia como aquel que encerró a la humanidad, pero lo hizo cuando ya estaba diseminada la red de redes, internet, por todo el planeta[1]. Para ese mismo año, América Latina y el Caribe contaban con una infraestructura de interconexión y distribución de contenidos en Internet con un desarrollo significativo en los años previos. Los Puntos de Intercambio de Tráfico (IXP, por sus siglas en inglés) y las redes de distribución de contenido (CDN, por sus siglas en inglés) continúan expandiendo su presencia en la región (Echeverría, 2020). A primera vista, la oferta estaba disponible.

Lamentablemente, a pesar de que el acceso a internet se tiende a ver como un reto superado para países de ingreso medio como el Perú, lo cierto es que no solamente el acceso es un problema para las personas más pobres o las más alejadas de concentraciones urbanas, pero todavía para quienes acceden, el uso y la apropiación dependen de un conjunto de factores muy asociados a la condición socioeconómica, la educación o el género (Katz, Jung y Callorda, 2020; Galperin, 2017).

Las desigualdades en acceso, uso y apropiación constituyen así un problema por resolver. Por si fuera poco, enfrentamos un problema adicional ya que existe un subconjunto de personas que no se conecta a internet, a quienes llamaremos Desconectados. La definición empleada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones y la Unesco[2] califica como Desconectado a aquella persona que no utilizó internet en los últimos tres meses.

Como parte del proyecto A new digital deal for an inclusive post COVID-19 social compact: developing digital strategies for social and economic reconstruction, financiado por el IDRC de Canadá, tuvimos la oportunidad de recoger información tanto en agosto del 2020 y en abril del 2022, sobre la base de una encuesta representativa a nivel nacional de aquellas personas que cuentan con un celular en funcionamiento.

La buena noticia para el Perú es que la proporción de personas desconectadas, según nuestra definición, disminuyó a la mitad: de 15,87% a 8,86%[3]. Esta es una buena noticia para nuestro universo de estudio: personas con un celular en funcionamiento que no se conectaron a internet en los últimos tres meses en áreas urbanas.

Es importante conocer las características de estas personas, de tal modo de proponer políticas públicas para lograr su inserción a la economía digital, así como a las diversas facilidades que pueden obtenerse con esta integración. En esta oportunidad, nos concentraremos solo en dos variables: edad, y género.

Sobre la edad

Cuando se trata de hacer una distinción por edad, la expectativa es que la mayoría de jóvenes, mayormente estudiantes, estén casi en su totalidad conectados; que los adultos también estén conectados, pero en menor porcentaje y que los adultos mayores exhiban la menor proporción de conectados, comparados con los otros dos grupos etarios.

Los datos de nuestra encuesta en 2020, confirman estas expectativas: la proporción de conectados, según grupos etarios, va cayendo a medida que se considera grupos de edades mayores. Cuando se los compara con la encuesta de 2022, se observan resultados muy interesantes tanto para los menores de 25 años, jóvenes, como para los mayores de 60, adultos mayores. En ambos casos, la proporción de desconectados baja a la mitad: solo 2,6% y 13,5%, respectivamente, en 2022. Podemos afirmar que, durante la pandemia, aumentó la proporción de jóvenes y adultos mayores conectados a internet.

Lo que sí llama la atención es que la proporción de adultos (entre 26 y 59 años) desconectados prácticamente no varía en el periodo. Además, se iguala la proporción de desconectados entre adultos y adultos mayores, lo que puede apreciarse en el gráfico 1. Pendiente está la investigación que nos dé luces sobre los motivos.

Gráfico 1.  Ratio de Desconectados por edad

Fuente: Encuesta CATI 2020 (N=119 personas) y 2022 (N=72 personas). Instituto de Estudios Peruanos.

 

Sobre género

La brecha de género se puede observar en el ámbito de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Según Robinson et al., (2015) factores como la educación, el empleo o la discriminación juegan un papel determinante para explicar dichas diferencias. Por ejemplo, en el estudio realizado por Barrantes, Agüero y Matos (2018), quienes elaboraron un indicador que refleja la brecha de género en las TIC para cinco países de la región (Argentina, Colombia, Guatemala, Perú y Paraguay), se evidencia que la educación, el nivel socioeconómico y la convivencia con niños y jóvenes tienen un impacto positivo y estadísticamente significativo en la brecha, mientras que ser adulto mayor, vivir en zonas rurales y hablar el idioma local, tienden a ser factores que reducen dicho indicador. Adicionalmente, se muestra que para Paraguay y Argentina factores como la educación o la edad desempeñan un papel más importante al momento de explicar la brecha de género. En cambio, para Perú y Guatemala, los factores no observados contribuyen en una mayor proporción.

El gráfico 2 muestra que, con la pandemia, prácticamente se eliminó la brecha de género. En 2020, entre los desconectados predominaban las mujeres. En 2022, tenemos casi tantas mujeres como hombres desconectados.

Gráfico 2: Desconectados desagregados por género

Fuente: Encuesta CATI 2020 (N=70 mujeres y 49 hombres) y 2022 (N=37 mujeres y 35 hombres). Instituto de Estudios Peruanos.

Pero este no es el único dato interesante sobre el género de los desconectados, sino también la proporción dentro del universo de entrevistados de cada género. Destaca de manera muy significativa, la rebaja a la mitad de la proporción de mujeres desconectadas; mientras que la reducción en la proporción de hombres es de casi 3%. Durante la pandemia, la rápida digitalización está asociada a la eliminación de la brecha de género en el acceso a internet.

Gráfico 3. Ratio de Desconectados por género

Fuente: Encuesta CATI 2020 (N=70 mujeres y 49 hombres) y 2022 (N=37 mujeres y 35 hombres). Instituto de Estudios Peruanos.

Colofón

Como siempre, tenemos dos maneras de valorar esta información. Por el lado pesimista, podemos afirmar que perdimos la oportunidad de lograr la universalización digital. Por el lado optimista, la reducción a la mitad de la proporción de personas desconectadas es un gran avance, logrado en solo un par de años. En cualquier caso, queda una agenda de investigación sobre cuáles son los factores que explican la subsistencia de este núcleo duro de personas que, aún cuando internet era el canal de conexión con la vida cotidiana, no llegaron a conectarse.

 

Referencias

Barrantes, R., A. Aguero Garcia, y P. Matos (2018). Understanding the ICT Use Gender Gap in Latin America. TPRC.

Galperin, H. (2017). Why are half of Latin Americans not online? A four-country study of reasons for Internet non-adoption. International Journal of Communication11, 23.

Katz, R., J. Jung, y F. Callorda (2020). El estado de la digitalización de América Latina frente a la pandemia del COVID-19.

Echeberría, R. (2020). “Infraestructura de Internet en América Latina: puntos de intercambio de tráfico, redes de distribución de contenido, cables submarinos y centros de datos”, serie Desarrollo Productivo, N° 226 (LC/TS.2020/120), Santiago, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Robinson, L., Cotten, S. R., Ono, H., Quan-Haase, A., Mesch, G., Chen, W., y Stern, M. J. (2015). Digital inequalities and why they matter. Information, communication & society18(5), 569-582.

[1] WeAreSocial and Hootsuite (2021). Digital 2020 Global Digital Overview: Essential insights into how people around the world use the internet, mobile devices, social media, and ecommerce.

Digital 2020: Global Digital Overview — DataReportal – Global Digital Insights

[2]State of Broadband Report 2021: Geneva: International Telecommunication Union and United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, 2021.

https://www.itu.int/itu-d/reports/broadbandcommission/state-of-broadband-2021/

[3] En 2020, se entrevistó a 1012, mientras que, en 2022, se recogió información de 1016 personas.